Iniciamos esta etapa con una invitación que no nace de nosotros, sino del mismo Jesús: “Ven y verás” (Juan 1:46).

 Nuestro lema este año no es solo una frase; es una invitación a la curiosidad santa, y seguramente resuena en el corazón de nuestra vocación y opciones, porque Jesús no nos da un manual de “instrucciones” de cómo vivir la fe y la misión, sino que nos invita a una experiencia y estilo de vida concretos junto a Él.  

Al igual que los primeros discípulos, este año estamos llamados a descubrir (o redescubrir) a Dios en lo cotidiano de nuestras realidades y, de modo particular, en nuestras comunidades educativas: en el aula, en el recreo, en el estudio, en los estudiantes, en sus familias, en los compañeros de camino, en el entorno… “Ven y verás” significa que la fe no se cuenta, se vive; y la ciencia no solo se aprende, se contempla.

La cita bíblica que nos anima es parte de uno de los textos más bonitos del evangelio de San Juan; el evangelista narra la vocación de los dos primeros seguidores de Jesús, y nos cuenta como dos discípulos de Juan el Bautista, fijándose en Jesús, comienzan a seguirle e inician, así, un diálogo que marcará sus vidas… Y aquellos hombres, se quedaron para siempre con él, fueron sus primeros apóstoles.  

“Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le dijeron: ´Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde vives?’. Les respondió: ´Venid y veréis’. Fueron y  vieron dónde vivía, y permanecieron aquel día con él.”  (Jn 1, 35-47)

La cita bíblica “Ven y verás” (Juan 1:46), dicha por Felipe a Natanael, nos invita a todos a, no solo conocer la teoría sobre Jesús, sino a experimentar personalmente su presencia y amor, convirtiendo el aprendizaje en una vivencia transformadora y relacional.  

El Evangelio de Juan expresa con dos verbos la invitación a experimentar en la propia vida ese “venir y ver”, es decir: ¡Que no te lo cuenten, ven y míralo por ti mismo!. Es quedarnos con Jesús, estar con Él, experimentarlo y vivirlo como los primeros discípulos del Señor con alegría y confianza en cada etapa de la vida, en cada lugar que habitamos, porque todo está atravesado por la presencia y el amor de Dios, y la fe está llamada a vivirse y anunciarse en todas las realidades humanas, para convertirse en fermento de fraternidad y de paz entre pueblos, culturas y religiones.

Esta perspectiva convierte a las comunidades educativas en un lugar de discipulado y apostolado, donde el “ven y verás” aplicado a la acción educativa y evangelizadora de nuestras escuelas:

  • Promueve un aprendizaje experiencial: en el que, tanto nosotros como los destinatarios de nuestra acción, no quedamos en la instancia de la teoría doctrinal y religiosa, sino que experimentamos el encuentro personal con Jesús a través de la comunidad, la oración y el servicio. En lugar de una enseñanza meramente intelectual, el “ven y verás” anima a la experimentación activa del encuentro con Cristo. La acción pastoral y educativa  no se limita a enseñar conceptos, sino a crear espacios  y dar lugar a experiencias donde todos veamos y experimentemos el amor de Dios.
  • Da lugar a un aprendizaje relacional, desde la pedagogía del encuentro: transforma la educación en un proceso de acompañamiento vivencial, fomentando una fe activa y comunitaria, fomentando la interioridad y la reflexión personal. Como educadores católicos, nuestra misión este año es ser los facilitadores de ese encuentro. Pero, antes de pedirle al estudiante que “venga y vea”, nosotros debemos renovar nuestra propia mirada:  ¿Qué vamos a ver este año en nuestras aulas? ¿Solo contenidos, o veremos rostros, historias y esperanzas…?.  Nuestra tarea es transformar la escuela y  el aula en un espacio de revelación, donde el conocimiento no sea un dato frío, sino una ventana a la vida y a la verdad en el amor de Dios.
  • Nos anima a dar Testimonio y a la vida en comunidad: la invitación recibida  no solo nos interpela  sino que suscita en nosotros la disposición y necesidad de invitar y contagiar a otros, al estilo de Andrés llamando a Simón, construyendo una comunidad dinámica y  enseñando valores cristianos a la luz del Evangelio. Contribuye a la superación de prejuicios: al igual que Natanael, somos invitados a dejar nuestras dudas y prejuicios para conocer a Jesús por nosotros mismos y junto a otros.
  • Nos desafía y compromete a la Acción concreta: El “ver” lleva a “actuar” mediante gestos concretos de amor y solidaridad, convirtiendo la fe en obras dentro de nuestros entornos de vida. La educación y la evangelización no se quedan en el aula o en la escuela; el “ven y verás” impulsa y promueve a que nuestros destinatarios, a su vez, puedan actuar y compartir su fe con otros, convirtiéndose en agentes de cambio en la sociedad… 

Asimismo y providencialmente, este inicio de actividades coincide con la Cuaresma, y esta situación nos regala, a su vez, la posibilidad de vivir y ejercitar esta pedagogía del encuentro y de la experiencia a la que nos anima nuestro lema 2026. Porque la cuaresma no debe ser entendida como un tiempo triste, de privación externa, sino como posibilidad de revisión, reordenamiento y transformación propia y comunitaria… Es nuestra oportunidad de limpiar la mirada para poder “ver” lo que el lema nos propone.

En este sentido, como educadores católicos, la Cuaresma nos invita a:

  • El ayuno del prejuicio: Saber mirar a todos, muy especialmente a nuestros estudiantes, con ojos nuevos, con amor, con fe, con esperanza…
  • La oración en y por la comunidad: Poder sostenernos unos a otros en los distintos momentos del camino y la misión compartidos, de modo especial en aquellos momentos de dificultad o cansancio o desánimo que puedan presentarse.
  • La  caridad en el sentido del equipo y del trabajo en red: Fortalecer los vínculos entre colegas, en el trabajo colegiado, en la relación con las familias que nos eligen y confían a sus hijos en nuestra propuesta educativa y evangelizadora, evitando la crítica que divide y apostando por la palabra que construye.

Por otro lado, es importante tener presente y atender a la invitación que nos hiciera oportunamente el Papa Francisco, y que también hoy sostiene y anima el santo Padre León XIV, a vivir la sinodalidad, que no se trata  de “una moda eclesial” sino que es parte de  nuestra identidad y rasgos distintivos.  

 ¿Qué significa esto para nuestras comunidades educativas, para nuestras escuelas? Significa que nadie camina solo.  Ser una “Iglesia en salida” y una “escuela sinodal” implica:

  • La Escucha Activa: Practicar el “discernimiento comunitario”. Las decisiones más ricas nacen de la escucha atenta de todos los sectores. Escuchar antes de juzgar.
  • Participación activa: sabiendo que cada persona tiene un don único. Nadie es espectador. Cada uno, desde su lugar, aporta un matiz indispensable al mosaico de nuestra identidad institucional y comunitaria.
  • Corresponsabilidad: Entender que la sinodalidad se vive cuando derribamos los muros de nuestras propias aulas para trabajar en red.  Caminar juntos, asegurándonos de que nadie se quede atrás por cansancio o soledad.

Animados en este espíritu y con estos sentidos en nuestra misión educativa y evangelizadora le pedimos a Dios que este nuevo año escolar que compartiremos sea una valiosa y enriquecedora experiencia de aprendizaje, crecimiento y encuentro, para que al finalizar cada jornada, podamos decir con satisfacción que hemos sido testigos de lo que Dios hace en medio nuestro  y que cuando nos pregunten por qué nuestra comunidad es diferente, qué es lo que nos distingue, podamos decir con alegría: “Ven y verás”…

 Oración Comunitaria  

 Señor Jesús, Maestro de la Verdad y la Vida: hoy nos llamas no solo a enseñar, sino a ser testigos.
Al iniciar este ciclo lectivo, te entregamos nuestras aulas, nuestros proyectos y, sobre todo, nuestros vínculos.
Danos una mirada sinodal: para que en nuestra sala de docentes, en nuestras aulas y en nuestros patios, sepamos caminar al ritmo del que va más lento, escuchar al que calla y valorar al que propone. Que nadie se sienta solo en esta misión.
Danos un corazón cuaresmal: capaz de transformarse. Ayúdanos a ayunar de la impaciencia, de la queja estéril y del cansancio que nos quita la alegría. Que este tiempo de preparación nos limpie la mirada para descubrir tu presencia en cada alumno.  Haznos eco de tu invitación: que nuestra coherencia y profesionalismo sean la mejor respuesta para quienes dudan. Que ante el desafío de educar en tiempos inciertos y desafiantes, nuestra vida diga con humildad: “Ven y verás”. 
Amén.

EQUIPO DE GESTIÓN
SAED