Hace unos días vivimos una nueva edición de esta hermosa y enriquecedora experiencia junto a estudiantes, voluntarios, docentes y no docentes de las distintas comunidades educativas, de los niveles secundario y superior, del Arzobispado de Santiago del Estero.

Compartimos jornadas llenas de vida, charlas, juegos y esa calidez única que solo se siente cuando estamos juntos. Entre el fogón, la celebración eucarística, los momentos de reflexión e intercambio, las dinámicas, los testimonios, los juegos y las risas interminables, nacieron nuevas amistades y recuerdos de los que tanto bien hacen al espíritu.

Volvimos a nuestros hogares con el corazón lleno y con la certeza del Amor de Dios, reconociendo que todos llevamos una luz adentro para regalar a quienes nos rodean y que, si en algún momento sentimos que la nuestra se apaga, siempre va a haber otra persona cerca dispuesta a brindarnos el fuego que necesitamos para volver a empezar.

Una oportunidad propicia para renovar la misión de animar y motivar a los jóvenes a seguir siendo esos grandes constructores de paz y esperanza que tanto necesita hoy el mundo en el que vivimos.

Gracias a todos y a cada uno de los que hacen posible este campamento juvenil, con su valiosa colaboración y su generoso servicio. Dios los bendiga!